
Desde sus inicios en su natal Taiwán, con “Manos que empujan”, allá por 1992, Ang Lee es un director que no solo ha demostrado asombrosa regularidad, sino además singular talento para pasar con facilidad de un género a otro: la comedia (“El banquete de boda”), el drama (su debut hollywoodense con “Sensatez y sentimientos” y su obra maestra “Tormenta de hielo”), el western (la Guerra de Secesión en “Cabalga con el diablo” y los vaqueros homosexuales de “Secreto en la montaña”) y la fantasía (el wuxia o cine de caballería en “El tigre y el dragón” y la adaptación del cómic “Hulk”). Con “Crimen y lujuria” (“Se jie”, 2007), Lee repitió el plato llevándose el León de Oro en Venecia, que ya había ganado con “Secreto en la montaña”. Se trata de una ambiciosa coproducción multinacional (China, EE UU, Taiwán y Hong Kong) hablada en chino, a simple vista un melodrama erótico, con elementos de cine bélico, tinte político y hasta cierto aliento épico a lo largo de sus dos horas y media. El guión de James Schamus –estrecho colaborador de Lee– y Hui-Ling Wang, basado en una historia de Eileen Chang, se inicia en el Shangai de 1942, en la China ocupada por los japoneses. Vemos a la hermosa protagonista, la señora Mak (interpretada por la joven Tang Wei), entrando a un elegante café y haciendo remembranzas. Luego retrocedemos cuatro años, cuando la muchacha en cuestión, cuyo nombre es Wong Chia Chi, integra un grupo de teatro estudiantil y se suma a la resistencia china contra el invasor japonés, iniciando un intenso romance con el misterioso Mr. Yee (Tony Leung), que forma parte de los colaboracionistas, soslayando su cometido primario de eliminarlo, y sin poder evitar verse en una disyuntiva al involucrarse cada vez más con él. Y así la historia va saltando en el tiempo, con películas como “Intermezzo”, de Gregory Ratoff, o “Sospecha”, de Alfred Hitchcock, marcando la referencia cronológica. La relación abiertamente sexual entre los personajes es mostrada en constantes escenas eróticas –la segunda parte del filme es rayana en el soft-core– dirigidas con buen pulso por Lee. La fotografía del mexicano Rodrigo Prieto (también premiada en Venecia) se luce tanto en las secuencias de alcoba como en exteriores, y es igualmente adecuada la partitura de Alexandre Desplat. Si bien Tang Wei sorprende tratándose de su debut, la actuación de Tony Leung es sencillamente extraordinaria; una madura Joan Chen hace un papel secundario. Otra escena notable es cuando un grupo de inexpertos luchadores de la resistencia no puede terminar de eliminar a puñaladas a un miembro del bando enemigo.
¿Que pudo haber tenido unos minutos menos? Tal vez. Pero ello no afecta el balance de este buen filme en su conjunto. Ang Lee mantiene su buen momento con “Crimen y lujuria”, y habrá que esperar su próximo trabajo, “Taking Woodstock”, con el que vuelve a Norteamérica.
RAÚL LIZARZABUR
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